Sin energía limpia no hay futuro sostenible: el rol clave de la industria inmobiliaria, por Martín Gutiérrez Lacayo
Sostenibilidad • 3 de febrero de 2026 01:38:58 PM CST • Escrito por Martín Gutiérrez Lacayo
Hablar hoy de sostenibilidad en la industria inmobiliaria ya no puede quedarse en el terreno del discurso. Si un proyecto no incorpora energías limpias desde su concepción, difícilmente puede considerarse verdaderamente sostenible. Esta afirmación no nace de una postura idealista, sino de la experiencia directa de enfrentar y tratar de resolver los desafíos reales que implica impulsar la transición energética dentro de un desarrollo inmobiliario complejo como Reserva Santa Fe.
En este camino hemos identificado tres grandes retos estructurales. El primero es normativo. Los cambios recientes en el marco regulatorio han impactado de manera directa la autonomía energética, la cogeneración y los esquemas de distribución, complicando proyectos que fueron concebidos para operar con fuentes 100% renovables. La incertidumbre regulatoria no solo frena la innovación, también desincentiva inversiones que podrían acelerar la transición energética del país.
El segundo reto es tecnológico. Si bien en México existen soluciones energéticas funcionales, aún carecemos de una infraestructura integral capaz de responder de forma eficiente a las necesidades de desarrollos ubicados en contextos complejos, como zonas boscosas o de alta montaña. Diseñar sistemas energéticos resilientes en estos entornos requiere innovación, adaptación y una visión de largo plazo que hoy sigue siendo escasa.

El tercer desafío y quizá el más profundo, es cultural. Un desarrollo verdaderamente regenerativo exige transformar la forma en la que vivimos y consumimos recursos. En Reserva Santa Fe partimos de una premisa clara: el mejor kilowatt es el que no se utiliza. Reducir la demanda energética es tan relevante como generar energía limpia, y lograrlo implica un proceso de alfabetización ambiental que nos lleve a habitar de manera distinta, más consciente y responsable.

Al dialogar con otros desarrolladores y actores del sector, encuentro dos mitos recurrentes. El primero es creer que la energía renovable es solo un complemento para reducir costos operativos, sin explorar su potencial real como eje de desarrollos capaces de autoabastecerse, e incluso de desconectarse de la red. El segundo es seguir diseñando a partir de tablas de consumo preestablecidas, sin cuestionar el origen de la energía ni su impacto ambiental. En Reserva Santa Fe invertimos la lógica: primero analizamos las condiciones bioclimáticas del sitio y su capacidad real de generación, y solo después diseñamos. Este cambio de enfoque, aunque fundamental, sigue siendo poco común en México.
Mi vocación nació temprano. A los 16 años, un ejercicio escolar me llevó a investigar por primera vez sobre cambio climático y pérdida de biodiversidad. Desde entonces comprendí que quería dedicarme a darle voz a aquello que no puede defenderse por sí mismo: la naturaleza. Ese camino me llevó al derecho ambiental, al trabajo en instituciones públicas y organizaciones civiles, y eventualmente a colaborar durante años con Reserva Santa Fe desde la conservación, hasta integrarme de lleno al proyecto.
Hoy, al mirar hacia adelante, me gustaría que el trabajo realizado en Reserva Santa Fe sea recordado como una prueba tangible de que otro modelo sí es posible. La industria inmobiliaria es responsable de cerca del 49% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. No podemos seguir siendo espectadores pasivos; debemos asumir nuestro papel como agentes de cambio.
El nuevo lujo ya no está en el exceso, sino en una relación consciente con la naturaleza y en la responsabilidad de devolverle más de lo que tomamos. Si logramos que más desarrollos se cuestionen, se acerquen y transformen su forma de planear, construir y habitar, entonces el esfuerzo habrá valido la pena. Porque la sostenibilidad real no se construye en aislamiento: se comparte, se replica y se convierte en legado.
