El verdadero costo de pensar solo en el presente, por Armando Turrent Riquelme
Real Estate • 28 de octubre de 2026, 2:51:36 p.m. CST • Escrito por Armando Turrent Riquelme
En los negocios, como en la vida, las decisiones más fáciles de justificar suelen ser aquellas que producen resultados inmediatos. Reducir costos, aprovechar al máximo un recurso, acelerar una operación o incrementar la rentabilidad en el corto plazo son objetivos legítimos. El problema aparece cuando, al perseguirlos, dejamos de considerar lo que esas decisiones significarán dentro de diez, veinte o cincuenta años.
Desarrollar un proyecto inmobiliario es, en muchos sentidos, una decisión sobre el futuro.
El terreno que hoy transformamos será el lugar donde otras personas construirán su hogar, formarán una familia y desarrollarán una parte importante de su vida. La infraestructura que instalamos, los espacios que conservamos y las decisiones que tomamos sobre el uso del suelo determinarán la calidad de ese lugar mucho después de que termine la construcción.
Por eso, creo que una de las preguntas más importantes para cualquier desarrollador no es cuánto puede construir, sino qué vale la pena preservar.
La diferencia entre ambas preguntas define dos maneras de entender el negocio inmobiliario. Una busca extraer el máximo valor inmediato de un terreno. La otra busca crear un lugar cuyo valor pueda mantenerse a lo largo del tiempo.
En Reserva Santa Fe, esta reflexión ha sido fundamental. Elegimos una planeación de baja densidad, con amplias áreas de conservación forestal y espacios destinados a la convivencia, el bienestar y la relación con la naturaleza. No se trataba únicamente de construir viviendas, sino de decidir qué tipo de comunidad queríamos que existiera en el futuro.

Esa decisión implica reconocer que no todo lo valioso puede medirse en metros cuadrados vendibles. Un bosque conservado, un paisaje que permanece, un sistema hídrico bien gestionado y una comunidad que desarrolla vínculos son activos cuyo valor se construye durante años.
También implica entender que el desarrollo tiene responsabilidades que van más allá de quienes compran una propiedad. Las comunidades vecinas, los ecosistemas y las generaciones que vendrán forman parte de las consecuencias de nuestras decisiones.
Pensar a largo plazo no significa renunciar a la rentabilidad. Significa comprender que la rentabilidad más sólida es aquella que no depende de sacrificar las condiciones que hacen valioso un proyecto.
En un mercado que con frecuencia premia la velocidad, la visión de largo plazo exige disciplina. Requiere invertir en infraestructura, respetar los límites del territorio y mantener una idea clara de lo que queremos construir, incluso cuando existan alternativas aparentemente más rentables en el corto plazo.
El verdadero liderazgo consiste en tomar decisiones cuyos beneficios no necesariamente veremos de inmediato, pero que seguirán teniendo sentido con el paso del tiempo.
Porque un desarrollo inmobiliario no debería evaluarse únicamente por lo que entrega el día de su inauguración, sino por el lugar en el que se convierte veinte años después.
El éxito no consiste en aprovechar todo lo que un terreno puede dar hoy, sino en crear algo que siga teniendo valor mañana.
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Armando Turrent Riquelme
Fundador de Desarrollo y Ecología, S.A. de C.V., es financiero y economista por la Universidad de Texas A&M, y cuenta con más de 30 años de experiencia en el sector inmobiliario. En 2008, funda Desarrollo y Ecología, empresa diseñada para enfocarse en la construcción sostenible, para inspirar y demostrar que el hacer las cosas bien es rentable y sobre todo necesario
